En este artículo, los escritores mexicanos Benjamín Cárdenas (a.k.a. Benjas) y Javier Ibarra (a.k.a. Yazz) nos hablan de la mezcla entre ética del “Do It Yourself” y literatura en México. La fanzine que promueven, Punkroutine, retrata las vivencias de estos y otros bienaventurados punks literatos latinoamericanos, sin pelos en la lengua.

In this article, mexican writers Benjamín Cárdenas (a.k.a. Benjas) y Javier Ibarra (a.k.a. Yazz) talk about the mixture between “Do It Yourself” ethos and litterature in Mexico. Their fanzine, Punkroutine, depicts the experiences of these outspoken mexican punks of letters.

Dans cet article, les écrivains mexicains Benjamín Cárdenas (a.k.a. Benjas) y Javier Ibarra (a.k.a. Yazz) nous parlent à propos du mélange entre l’éthique “Do It Yourself” et littérature au Mexique. Le fanzine qu’ils promeuvent, Punkroutine, décrit les expériences de vie de plusieurs punks à lettres latinoaméricains, sans mâcher leurs mots.

 

Bueno, pese a que sea aburrida, pero es necesaria la siguiente pregunta: ¿quiénes son ustedes y cómo llegaron a ser seres que manipulan las palabras y la verba?

(Benji Cárdenas “Benjas”). Somos dos infames y ex-punks ahora convertidos en godínez. Lo de la escritura nació por que nos estábamos volviendo locos con la vida cotidiana y de alguna manera había que sacar toda la furia que otros menos huevones desquitan practicando deportes.

(Javier Ibarra “Yazz”). Benjas y yo somos amigos desde la preparatoria (hace 11 ó 12 años), todo gracias a escuchar punk rock. Desde entonces compartíamos discos, películas y libros. Cuando iniciamos PUNKROUTINE (hace ya más 2 dos años), fue porque comenzamos a intercambiar las historias que escribimos, y obviamente nos decíamos que estaban chidas aun cuando seguramente no era cierto. Y aquí estamos, más viejos y con planes de sacar el #10. Hoy en día PUNKROUTINE lo conformamos 4 personas y cada quien hace algo en su momento de sacar los fanzines.

¿Por qué un fanzine? ¿Piensan en lanzarse a ediciones más “punk rock elite”?

(Benji Cárdenas “Benjas”). El fanzine es la forma más barata y cool de hacer las cosas. Cuando éramos teens, tocábamos en bandas y sacábamos nuestras canciones en demos baratos. Es más o menos lo mismo. Ya llevamos 9 números y todos tienen la misma calidad “editorial punkarra”. El único número más elegante ha sido Mormilandía#1 que sacamos en conjunto con Ediciones ¡Joc Doc! Sacar algo más elite es una fantasía, pero no un plan real. Tal vez un día de estos.

(Javier Ibarra “Yazz”). Los fanzines los conocimos gracias a otros amigos de la época que estaban más involucrados en asuntos contestatarios. Ellos fotocopiaban sus fanzines y los regalaban, prestaban o vendían sólo para fotocopiar más. Con el tiempo conocimos a gente que hacia sus fanzines de lo que fuera y eso es lo chido; no tienes a alguien diciéndote cómo debes de hacer las cosas, o si están chidas u horribles o dan un chingo de lástima. Ojalá y los próximos números logremos hacerlos más “punk rock elite” jajaja… pero intentando mantener la misma esencia punkarra. Lo mejor que podría suceder es que morfáramos en una especie de editorial y así pudiéramos sacar fanzines como Mormilandía#1, enfocándonos únicamente en una persona y sus historias como sucedió con Mormi Montag. Y claro, manteniendo la tradición de sacar un número con alguna temática, como si fuera el Punk-O-Rama.

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¿Cuál es la playlist del mes o inspiraciones para la escritura?

(Benji Cárdenas “Benjas”). La inspiración sale de todas partes: desamores, tragedias familiares, drogas, lo de siempre. El soundtrack para escribir en diciembre incluye a Gnarwolves, Trash Talk, Banner Pilot. Hay que mantenerse actual en la música para seguir siendo un chavoruco por siempre.

(Javier Ibarra “Yazz”). The Style Council, Charles Bradley, H.R., Jackie Wilson, Pave The Rocket, Sharon Jones & The Dap-Kings, Slim Smith, Vago, Baton Rougue, Kolya, S.H.I.T. y Sport. La inspiración siempre viene de la calle, de lo absurdo y de los libros…

¿Cómo se inscribe la “teoría absurda y poco común” de su trabajo en el panorama mexicano de las letras?

(Benji Cárdenas “Benjas”). PUNKROUTINE es una plataforma para publicar a toda la banda rechazada por todas las demás plataformas. Acá no hay censura ni nada.

(Javier Ibarra “Yazz”). Somos un grupo de amigos que gustan de escribir historias que por lo general rozan lo absurdo con la realidad, y esa es una manera más para divertirnos. Me atrevería a decir que iniciamos esto como una especie de broma en el panorama literario en México (si es que formamos parte de algo así jajaja…). Tratamos de hacerlo con la mejor calidad posible y que los textos se logren leer muy fácil, aunque a veces, o la gran mayoría de las referencias que tenemos, son muy locales entre nosotros: bandas musicales, slang… Como nadie viene de ese panorama mexicano de las letras, tratamos de mentir lo menor posible y así no citamos a Octavio Paz o hacemos mención de algún Dios griego, y sí recordamos historias de Rod Serling o George Clooney se convierte en el protagonista de alguna historia.

Elijan uno de los siguientes conceptos/preguntas y ustedes tan sólo digan lo que les nazca: ¿Qué es México?; Izquierda; Carlos Velázquez y la condición post-norteña; Rodrigo Fresán: ¿un rockstar?; Roberto Bolaño y su fama.

(Benji Cárdenas “Benjas”). México es una broma. La izquierda es una mamada. A Carlos Velázquez tuve que googlearlo. La condición post-norteña está de la verga…

(Javier Ibarra “Yazz”). México en este momento es “El Piojo” Herrera. La izquierda ahora es La Virgen de Guadalupe. Carlos Velázquez es algo así como un buen consumidor de la caspita del diablo que no anda cortando cabezas, y en cambio escribe chido sobre eso y otras cosas del norte del país. Rodrigo Fresán es un puto genio. Y Roberto Bolaño es el mejor recuerdo para seguir escribiendo, ya que vivió muy cerca de mi casa acá en el D.F.

Visto que en la actualidad la violencia en México se volvió más democrática, ¿creen ustedes que esto va a tener una fuerte incidencia en las letras mexicanas en general, como sucede con la literatura centroamericana?

(Benji Cárdenas “Benjas”). Los escritores retratan lo que viven, si estas en un país violento no precisamente tienes que escribir sobre violencia, pero supongo que por más bonita y positiva que sea tu perspectiva de la vida, la violencia que te rodea tiene una influencia en lo que escribes, aunque no se note directamente.

(Javier Ibarra “Yazz”). Creo que ya la hubo. En plena guerra contra el narcotráfico, era muy común que en las librerías podías encontrar como lo principal y lo más vendido los libros sobre sicarios y capos, cárteles del narcotráfico, novias de los capos, cosas así. Incluso podría decir y afirmar que se incrementó el número de lectores en el país jajaja… Por un lado parece que estaba chido, pero ya lo dijo Benjas: “México es una broma”. Ahora es más común que algún narcotraficante aparezca haciendo de todo un poco en novelas y cuentos.

Y para terminar: ¿algún mensaje para el valiente lector que llegó hasta aquí?

(Benji Cárdenas “Benjas”). Puto el que lo lea.

(Javier Ibarra “Yazz”). Chido, la banda. Gracias por la entrevista. Ojalá esto haya sido interesante.

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Muchas gracias a Yazz y Benjas por su tiempo. A continuación, unos extractos de algunos textos de los entrevistados. La integralidad de los textos se encuentra en el sitio: http://punxroutine.tumblr.com/

 

BENJAS

Explotado

 Tony es mi mejor amigo desde que teníamos 13 años. Nos conocimos en la secundaria. Ahora estamos cerca de cumplir 28 y nuestra amistad se hizo cada vez más estrecha. Comenzamos a tomar y fumar al mismo tiempo, fuimos a la misma prepa y competíamos por ver quién conseguía más mujeres. Comprábamos discos como los geeks compran tarjetas de colección. Cada vez que escuchaba un buen álbum le llamaba para decirle que lo comprará, y él lo hacía, igual yo cuando él me recomendaba alguna banda nueva, no importaba si yo no conocía una sola canción, confiaba en su criterio ciegamente y nunca me había decepcionado. Probamos ácido por primera vez juntos en mi casa escuchando a Tom Waits y viendo el final de 2001: Odisea en el Espacio una y otra vez. La primera vez que fuimos con una puta lo hicimos juntos. Conocimos a nuestras actuales novias al mismo tiempo en una fiesta, eran amigas también. Salíamos los cuatro juntos, íbamos a bares en donde vendieran la cerveza más barata y nos embriagábamos. Una vez casi intercambiamos pareja, sólo que nuestras novias no quisieron. Rentamos un departamento juntos, Tony y yo, hasta que el decidió que era hora de vivir con Sara. Cuando él se mudó con ella a un departamento nuevo, Ana se mudó conmigo. Nuestras novias se embarazaron casi al mismo tiempo, ahora mi hija Any juega con su hijo Diego.

El hijo bastardo de la Virgen María

–¡Salgamos a las calles! –dice Jesús, caminando completamente decidido hacia la puerta– Quiero ver si aún recuerdo cómo caminar encima del agua.

–¿A estas horas de la noche? Es peligroso, Jesús.

–No temas, nadie lastimaría a un hombre noble como yo.

–Sí, Jesús, claro.

Salimos de la casa y caminamos un par de calles. La gente se burla de Jesús por su ridícula apariencia. Le gritan gay y pinche hippie; pero él parece no escuchar, va muy concentrado contándome anécdotas de cuando se embriagaba con María Magdalena.

–No sé por qué las putas tienen tan mala fama, Benji –me dice–. María Magdalena daba unas muy buenas mamadas. Había una parte en la versión original del nuevo testamento en la que contaba con detalle una de las muchas orgías que organizábamos con los apóstoles.

Muéstrame los dientes

 Mi hija perdió su primer diente la semana pasada después de días y días de esperarlo. Tenía miedo al principio, creo que lo normal. Yo no recuerdo el día en que perdí mi primer diente, pero supongo que cualquiera tendría miedo de perder una parte de su cuerpo; digo, no me gustaría perder un ojo. Hablamos con ella sobre perder una parte de su cuerpo.

–No importa perder un diente, te saldrá otro nuevo.

–Papá, no mientas. He visto personas a las que les falta un brazo y nunca les crece de nuevo –ella me respondió.

Estuve pensando qué responder durante un par de segundos.

–¡Claro que les crecerá otro brazo!

Mi novia se encargó del tema de los dientes después de eso. El cuento del ratón mostró mucho mejores resultados.

–Ya quiero que se me caiga el diente para que el ratón me traiga mucho dinero, me compraré una casa –dijo mi hija.

Miré a mi novia y ella me señaló la cocina, era hora de hablar en privado.

–¿Cuánto dinero le va a dejar el ratón? –Me preguntó.

–¿Por qué me preguntas a mí? –Le dije– Tú fuiste la que le inventó ese cuento, usa tu propio dinero.

–Benji, ¡no seas culo! –Me dijo.

–¿Puedo al menos decirle que el dinero se lo dejé yo y no el puto ratón?

–No.

 

Miel

 Este fin de semana pasado, ha sido el más largo de mi vida. Literalmente. Un inexplicable puente que inició el viernes y terminó el martes, el cual le dio la oportunidad a muchos de salir de vacaciones y/o emborracharse cinco días seguidos. Algunos infelices no tuvieron tal beneficio y trabajaron como cualquier otro día. De todos mis conocidos, entre familiares y amigos, sólo uno de ellos fue infeliz. Yo. Tuve que trabajar todo el puente a cambio de que no me corrieran.

Mi jefe dijo:

–Aquí no importan los días festivos, así que este será el incentivo para los que vengan a cumplir con la empresa. El que no venga a trabajar queda despedido por incumplimiento laboral.

Algún día mataré a ese puto y a sus hijos.

El viernes fue un día bastante aburrido y lento, no había trabajo y todos mis compañeros miraban el reloj con desesperación. Las 5:59pm duraban una eternidad, y cuando el reloj por fin marcó las 6:00pm, de la nada me invadió un sentimiento de decepción por haber desperdiciado el día en el trabajo mientras todos mis amigos habían estado tomando y drogándose desde temprano.

 Recuerdo que en la primaria mis compañeros hablaban de cómo habían encontrado a sus padres haciendo el amor y todos se reían y bromeaban con eso. A mí nunca me sucedió. Ahora tengo 28 años y aunque sea un poco tarde, mi oportunidad finalmente había llegado. El morbo se apoderó de mí y me asomé en completo silencio dentro del cuarto: mi madre estaba chupándole los huevos a mi papá mientras lo masturba con la mano derecha; mi papá, recostado, sólo podía alcanzar a ver sus piernas y a mi madre desnuda entre ellas. Cuando mi padre estaba a punto de venirse, comenzó a masturbarse él mismo y mi madre abrió la boca y sacó la lengua para recibir la descarga. Tengo que admitir que se me paró un poco viendo esto. Sólo un poco. El semen salió directamente disparado al rostro de mi madre, que tragó lo que pudo; lo demás quedó embarrado por toda su cara y su cabello. ¡Dios, qué asco! ¿Por qué chingados tuve que asomarme al cuarto? Pensaba que mi padre estaría arriba de ella, en posición de misionero. No pensé que los padres de familia tuvieran sexo oral. Menos mis padres. Mi madre se limpió un poco el semen con los dedos y luego se los llevó a la boca; como si fuera miel deliciosa.

Mi padre, en ese instante dijo:

–Trágatelo todo.

Un momento: ¡Esa no es la voz de mi padre!

Sin brazos/Party rock

Me advirtieron que los bullys de la secundaria iban a ser mucho peor que los de la primaria.

–Si estuvieras súper gordo, o súper flaco, o súper feo, la secundaria habría sido un infierno para ti, Caín –me dijo mi madre–, pero yo creo que una discapacidad como la tuya les va a provocar suficiente lástima como para que te dejen en paz.

Mi madre tenía extrañas formas de reconfortar mis inseguridades y confiaba en lo que ella decía porque sabía que sus intenciones eran buenas, aunque a veces se equivocaba.

Gus fue el primer bastardo que se burló de mí cuando estábamos en el Grupo 1, tercer piso del tercer y último edificio de la Secundaria #3.

–Pinche deforme –me dijo–. Tú deberías estar en el circo, ¿cómo vas a escribir si no tienes brazos?

Nunca he sido el tipo de persona que va mucho a fiestas. La última vez que fui a una con JT lo único que hicimos fue sentarnos en el suelo, usando nuestras tablas como sillas y nos burlamos de cómo bailaban todos. Yo no bailo, me gustaría tal vez hacerlo, pero sé que mi apariencia es grotesca cuando me muevo al ritmo de la música que sea; bailar sin brazos me hace lucir como una serpiente encantada o como uno de esos night crawlers.

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YAZZ

Crónica de una quilomfla anunciada (at La Posada Vaquera)

 Mis viajes a Monterrey comúnmente eran largos, de meses, sobreviviendo de la nada, petrificado al ordenador de un compa, escribiendo y después intentando cobrar unos cuantos pesitos. Y cuando era posible, y la de débito ya no estaba en ceros, solía caerle por una papita asada al local del Güero Papas, el de la López, en From the Guts of Santa Catarina. Después de éste fin de semana ya no me es válido recalcar que el 99% de esos trips se debían a mi Ancla. Sí, esa nalguita que me quiere tanto que no me puede dejar de hacer sufrir; mucho menos yo la puedo soltar. Cada vez que me la topo me aferró a ella, la abrazo bien macizo y le doy un besito en su frente para que sepa que me sigue teniendo bien envergado.

  Matthew y Kevin, los dos pequeños y desmadrosos sobrinos de Nene, a las diez de la mañana ya andaban matando hipsters en el Grand Theft Auto V. Los plomazos del psicópata Trevor Philips y las inocentes risas fue la combinación exacta que me despertaron e hicieron que me quitara la cobija de encima; tremendo susto que les metí a los güercos, pinche brinco que dieron, casi salen corriendo del cuarto. Matthew, el más morro, me dijo: «¡Pinche Johnnie Wayne Complex, me espantasté!», con ese tono de niño ultra norteño. Los saludé, les di sus palmaditas a cada quien en su espalda y su mañanero jalón de pelos. Estiré mi cuerpo, fui al baño a orinar, a lavarme la cara y regresé a matar hipsters con ellos. Nenito no estaba, en el trayecto de la central a su cantón bien me dijo que no jalaba los sábados, no le di importancia, al igual y había salido por su ancla, uno de sus cotorreos o hasta por el mandado. Cuando regresó, al mediodía, supe que había ido con su madrecita al Sam’s Club; me sorprendí: From the Guts of Santa comienza a ser normal, no ese divino rancho lleno de fábricas, polvo, gallinas decapitadas, elotes de Don Toño, Tacos El Vado, Tito’s Viniegra, punx de alcantarilla, Casas del Dr. Pequeño, Brujas y jaurías mariguanas con el coco rapado.

Esa tarde de sábado tenía que aprovecharla y tal vez sí era el momento perfecto para comprar Si me necesitas, llámame de Raymond Carver; libro que vi en 100 bolas el viernes de hace dos semanas en una de las librerías de viejo que hay en la calle de Vicente Guerrero. Por la tarde-noche de ese viernes salí de casa de Pe sin un rumbo fijo, me trepé al primer camión que pasó, un TreintayCholo que me llevó por la calle en donde había, hay, ya no sé, una rampa para patinar y creo fue el sitio más mamalón durante la última y buena época del punk rock que viví en Monterrey. Ahí organizaban tocadas que parecían ser más clandestinas que para la banda, ya que la vieja puerta de ese recinto siempre permanecía cerrada. Ya eran tiempos de encuentros fúnebres con sicarios y su ubicación se prestaba un chingo colindando con la zona roja de Madero y Villagrán. Esa vez no lo compré, nada más le pedí al encargado que me lo dejara ver, y por pendejo y confiado, mi decisión fue caminar a las nieves argentinas que están a un costado del Museo del Noreste. Pedí un mate y sin prisa alguna caminé por dos que tres calles del Barrio Antiguo hasta salir por Padre Mier, meterme en la calle peatonal de Morelos y ver disfrutar a la raza mamándose sus aguinaldos. Llegué a Gandhi, intenté encontrar sorpresas, y a pesar de toda esa travesía, ni a Raymond Carver topé. Al final no compré ningún libro, sólo me bofié y horas después me dio la pálida y vomité gracias a esa madrugada que me hizo revivir mi pasado a punta de amenazas, preguntas, gorras Von Dutch y rostros que aún los recuerdo con precisión.

 

Avistamientos del albur a lo kitsch

 Giselle a veces era actriz y otras era modelo; sin embargo, vivía con la esperanza de algún día poder inventar el mejor de los orgasmos, acostándose con el hijo de puta y productor de la televisora en la que de vez en cuando trabajaba gritando aquella frase de: «Kesos y Kosas, las más deliciosas». Quería tener papeles importantes en reality shows o conducir programas musicales, entrevistando a lo pendejo a las estrellas del momento.

Donovan era un romántico hecho a la antigua, nacido en el hospital del IMSS General No.27 de Tlatelolco; tal vez era un terrón de azúcar por estar bien feo, pero lo inteligente que era lo hacía ver interesante. Venía de una familia trabajadora, todos eran comerciantes. Vendían en diferentes tianguis ropa de segunda mano, frijoles saltarines, pambazos y cine de culto casero en blu ray clonado. Éste último changarro era el que atendía él, siempre había sido el raro de la familia. Se empelotaba de alguna morra y se ponía a ver películas y después a escuchar boleros con su abuelita, escuchaban el ritmo amoroso del negrito, Benny Moré, quien fungía como flecha de Cupido para que este cabrón enviara mensajes de texto y correos electrónicos a cada rato y durante todos los putos días del año. Las flores a domicilio eran para los días de San Valentín, los aniversarios y los cumpleaños. Iba y venía, por tierra o por aire, dependía de la venta de temporada o de la película de moda entre la banda hipster de la Roma y La Condesa que le caía a La Lagunilla.

Dio media vuelta y allí estaba su amigo, buscando en Internet alguna película independiente en cual actuar, en cual comenzar a escalar al estrellato después de haber sido levantado por los del Golfo, quienes lo torturaron a tablazos hasta que les diera el Batimovil año 1997, el de la película de Batman & Robin. Ya se habían chingado todas las camionetas que tenían para plomearse contra Los Zetas. Bastó de una llamada telefónica. De su celular sacaron el número del director de esa película, Joel Schumacher, y el pacto fue el siguiente: «les daría el Batimovil pero todo el mundo se iba a chingar, G. Clooney no aparecería en ninguna película con nominación al Oscar hasta saldar el paro».

Clooney tardó en reconocer a Donovan, ya estaba bien ciscado, no confiaba en nada ni en nadie, igual y de tanto putazo quedó mal. Quería irse de la ciudad pero primero tenía que quedar en ceros. Donovan le tuvo que mencionar anécdotas de aquellos tiempos, incluida la del Tangalay. No lo reconoció por la amistad que llegaron a tener y sus aventuras desagradables en la calle de Villagrán, lo reconoció porque en unas vacaciones de verano él había inventado una homosexualidad que el papá de Donovan no llegó a comprender, y cuando regresaron a clases le preguntaban si tenía donde vivir, le hacían el feo por ser un pipiluyo vulgar y corriente que gustaba meterse botellas con taparroscas premiadas por el culo, o drogar a colombianillos de secundaria y practicar en ellos el arte del sexo oral. Fue el mejor invento, la broma más destructible en una época en donde la mota espantaba más por saber quiénes la fumaban, no quiénes eran los que la vendían.

 Donovan, agradecido, entró según muy vergas, intentando percatarse de lo que ocurría a cada momento. Lástima que se veía bien puñetas, no sacaba a nadie y todos tenían el código postal de San Peter en sus frentes. El dj que tocaba a esas horas de la noche le recordó a su camarada, El Mierda, un compañero de la prepa que murió atropellado por Fermín IV. Ese accidente fue la verdadera razón de que Control Machete se desintegrara y de que ese rapero encontrara a Cristo en su lírica. Donovan, recordando a su viejo compa y haciéndole mérito a su apodo, se quedó viendo fijamente al dj picar botones y cómo escuchaba de un sólo lado sus enormes audífonos. Dedujo que ese güey seguramente se convirtió en eso por mero capricho, porque tal vez en una navidad se topó con un equipo y se lo pidió a Papá Noel Treviño de la Garza. En la época del Skizzo pasó lo mismo, todos querían tocar psycho, y en esos días, en el Gomez Bar, todos querían tocar dubstep. El naco de Erik Rincón ya sonaba con su tribal guarachero en la radio de todo el mundo, sus hits los veneraban en Matehuala; entonces: «¿Por qué ese pésimo dj no podía crear hits para sampetrinos?», se lo preguntaba recordando lo apestosa que quedó una camioneta del videoclip de Sí señor.

Las cámaras de seguridad lo delataron, bueno, en realidad fueron sus Wayfare; ¿qué colombianillo iba a andar con unas gafas así? Una excéntrica voz ordenó a un mar de maladros agarrar al güey que anduviera vestido como puñetas, el único era Donovan. Le llovieron riscazos volcánicos, patadones Chuck Taylor y estrangulamientos santificados por la Virgencita de Guadaupe. Lo entregaron con el mero chingón de todo ese clan.