En la situación actual de agitación social en Guatemala, la renuncia de la Vicepresidenta de Guatemala, Roxanna Baldetti, con el pedido de más transparencia en el manejo de los asuntos públicos en el país como tela de fondo, marca un hito sin precedentes en este país centroamericano. La velocidad de la democratización, lenta e inconmesurable, va más allá del uso de Internet y del oportunismo – político – de algunos personajes. En plena campaña electoral, este evento no es anodino.

…esa pura violencia que no puede ser dicha

ni nombrada del todo, el exceso de realidad

que colma el vacío y que nos desborda hasta

vaciarnos.

Juan Carlos Mazariegos (sociólogo guatemalteco)

 

El 6 de mayo del 2015, dos días antes de la renuncia de la vicepresidenta de la república guatemalteca, Roxanna Baldetti, la polémica politóloga guatemalteca Gloria Álvarez escribió en una red social: “llevo 5 años empoderando mentes Gt. Estuve sola. Hoy las masas se levantan en nombre de la libertad en mi ausencia. Genial.” Con este mensaje casi mesiánico, lo único que logramos ver es la instrumentalización a toda costa de este evento, tanto por la derecha como la izquierda del país. El uso de Internet no podría ser el factor mayor para explicar los recientes movimientos sociales guatemaltecos: cabe recordar que tan sólo 19,7% de los guatemaltecos tienen acceso a Internet, llegando a una cobertura de 23% en el área urbana[1].

Norberto Bobbio, filósofo italiano que se interesó bastante a la democracia italiana corroída por grandes escándalos de corrupción y la tutela de las diferentes mafias nacionales, diría que los guatemaltecos están pidiendo la transparencia del funcionamiento de las instituciones políticas. Un poder visible. La base de una democracia funcional sería entonces la eliminación de poderes invisibles, poderes que tímidamente han sido desvelados por instituciones internacionales y por la ciudadanía.

Varios laberintos se esgrimen en el país, laberintos alimentados por diferentes excesos de realidad, pesadillas que supuran cada elemento de la cotidianeidad nacional. La corrupción, uno de estos excesos de realidad, anestesió la visión de lo político durante largos años, hasta llegar a los niveles de exasperación actuales. El silencio siempre estuvo ahí, desde los tiempos de la guerra, creando un efecto de bomba de tiempo. Desde el primer gobierno democrático en 1985, la política ha despertado sentimientos encontrados y ha denigrado el ejercicio del poder. Tantas veces hemos escuchado que los políticos son unos ladrones, mafiosos y oportunistas. Finalmente esta visión está cambiando, se busca ahora una mayor participación en la cosa pública.

En la historia contemporánea guatemalteca, la juventud citadina se ha volcado fuertemente hacia las luchas sociales y democráticas del país[2]. Se puede recordar a los jóvenes cadetes de la Escuela Politécnica en 1954, a los estudiantes del Instituto Rafael Aqueche y el Frente Unido del Estudiantado Guatemalteco Organizado (FUEGO). Incluso se podría nombrar a los jóvenes universitarios que se volcaron en la lucha estudiantil (sindicatos, asociaciones…) y en la violencia de los tiempos del conflicto armado, ilusionados por ideales que no hubieran sido el camino correcto para llevar una mayor democratización al país. El mismo Marco Antonio “Bolo” Flores, en su libro Los Compañeros (F&G Editores, 2006)  lo cuenta bien: se trataba de jóvenes citadinos aburridos en busca de acción por medio de la guerrilla. En este laberinto de aburrimiento y de pasividad que vivió la juventud capitalina después de los Acuerdos de Paz firmados en 1996, nos ha llevado a las reivindicaciones actuales, en un contexto en donde la libertad de expresión, más – que bien – respetada que hace 20 años. La juventud volvió a retomar la voz en el ágora, a movilizarse en gran parte por las redes sociales por medio de eventos Facebook y “memes” burlándose de los políticos.

Dos laberintos están siendo domados, uno que sigue con la intensidad y la velocidad de la memoria del conflicto armado interno, y otro que ya pone en cuestión el sistema mismo del país, que durante el referendo constitucional de 1999 no había despertado mayor interés en la ciudadanía.

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Laberinto I:

La sombra de las épocas del conflicto armado ha sobresalido en tres ocasiones durante estos 19 años de “paz firme y duradera”. La primera fue en 2003, cuando el ex dictador de facto Efraín Ríos Montt buscaba la inscripción a la contienda presidencial. Los disturbios del mes de julio 2003 que se soldaron con el Jueves Negro y Viernes de Luto no hicieron más que alimentar la representación social de los guatemaltecos en lo que concierne el juego político: la política sirve de escudo, de bunker blindado por las leyes para los criminales de guerra y corruptos. Ríos Montt volvió a ser noticia en 2012, cuando cesó su inmunidad política y se le condenó por los cargos de crímenes de guerra y genocidio a 80 años de prisión. Actualmente, luego de haber sido anulada la sentencia por la Corte de Constitucionalidad en 2013, se espera que el juicio se reanude. Las esperanzas sobran.

Luego vino la elección del general retirado, Otto Pérez Molina, detrás del Partido Patriota y su promesa de una Guatemala más segura en 2010. La imagen combativa y el regreso del Ejército en la escena política nacional no desagradaron a la gran mayoría de electores, en plena situación de delincuencia e inseguridad a nivel nacional. Pero no solamente su pasado de militar y participación en las épocas más cruentas de la guerra interna lo persiguieron durante su mandato. Un pasado paralelo, como los poderes que se asentaron durante su mandato, terminaron por atraparlo. Mientras estaba a la cabeza de la Inteligencia Militar en 1993, Otto Pérez Molina tuvo un encuentro peculiar con el famoso narcotraficante Joaquín “El Chapo” Guzmán. Según la historia contada por un pequeño documental de Univisión y por el mismo OPM, el Chapo fue capturado y llevado a la frontera con México con fuertes dispositivos de seguridad. Pero se cree que la realidad fue otra. Según el reportaje hecho por Julie López[3], el Chapo fue golpeado y despojado de un millón y medio de dólares antes de su entrega por el ejército guatemalteco en la frontera mexicana. Además, las autoridades mexicanas distribuyeron un millón de dólares entre los diferentes gobiernos centroamericanos, de los cuáles 300 mil pararon en manos de militares guatemaltecos. En los últimos años, periodistas de varios medios independientes de Guatemala han alarmado a sus lectores sobre los vínculos entre el narcotráfico y las altas cúpulas de la presidencia, sobre todo la amistad entre el binomio presidencial y la “Reina del Sur”, Marllory Chacón, capturada en Francia en 2014 y declarada culpable de narcotráfico en Estados-Unidos en mayo 2015. La situación incomoda.

Luego de un año de investigación por parte de la Comisión Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), se hizo realidad la caída de la Línea, importante red de defraudación aduanera que implicaba al secretario privado de la vicepresidencia. Fue la excusa perfecta, tan esperada para la detonación de las protestas en contra del gobierno. ¿Quién iba a imaginar que tanta presión política viniendo de una institución extranjera como la CICIG y de la fuerte demanda popular iba a terminar con la renuncia de la vicepresidenta de la República? Nadie lo imaginó. Ni el furor del caso Rosenberg en 2009 pudo desestabilizar tanto al poder de turno –era más bien el miedo de un golpe de Estado que sobrevolaba el panorama político de ese entonces-.

Los rumores alrededor de las mafias que se habían instalado bajo las dictaduras militares seguían siendo rumores. El rumor siguió cumpliendo su función social de normalizar las cosas, de buscar una explicación a la corrupción y de banalizar la acción de los políticos en el poder. Finalmente, con pruebas científicas e imparciales, una parte de este rumor se vuelve realidad. Este evento no ha hecho más que acelerar las denuncias, cambiar las perspectivas políticas para las elecciones que vienen, abriendo la brecha en otro laberinto, igual de opaco que la sombra de la guerra interna. Tal parece que una vía de superación al capítulo oscuro que acechó al país es posible en el país, por medio del saneamiento de los poderes públicos, y la voluntad de una verdadera democratización del país.

Laberinto II:

Uno de los mayores clamores actuales es la necesidad de reformar el sistema de partidos y elecciones en Guatemala. El financiamiento de los movimientos políticos se ha vuelto en una necesidad eminente, a unos cuantos meses de las elecciones. Las sombras de los chorros de dinero que sirven a rotular todo el país con efigies y eslóganes hipócritas ya parecen tener un término.

Al alzar la voz contra el sistema partidario guatemalteco, un sistema bastante fluido y efímero a cada elección, se pone también en duda el transfuguismo político. Los partidos políticos guatemaltecos están lejos de ser movimientos políticos que vehiculan ideologías o maneras específicas de hacer política. La volatilidad de éstos a cada elección esconde los meandros del financiamiento electoral, lo que deja en filigrana la voluntad de dichos partidos de responder a intereses particulares, asegurar la protección e impunidad de buena parte de los financistas.

Con esto también han surgido otros debates y nuevos miedos. Visto el cuadro en el cual se pintan los partidos políticos y el poder del dinero en la arena pública, el miedo a un futuro partido liderado por un líder “populista” se ha hecho evidente. Durante estos años también han salido a luz el desencanto de unos pocos hacia algunos presidenciables. La tesis ficticia del supuesto “doctor” Manuel Baldizón y su megalomanía lo atacaron fuertemente, además de sus conocidos vínculos con el narcotráfico en su región de origen y bastión al norte del país, Petén. También el desistimiento a la presidencia del Secretario Adjunto de las Naciones Unidas, Edmond Mulet, se hizo efectivo luego de que periodistas sacaran a lumbre su pasado de miembro de una red de adopciones dudosas de niños durante los años que siguieron a la escalada de la violencia a finales de los años 1970 y comienzos de la década de 1980.  Podrían multiplicarse los casos de reportes periodísticos que no han nada más que poner en evidencia el pasado dudoso de varios candidatos a todos los niveles, lo que no ha dejado fácil decir quién sería el mejor candidato para gobernar el país en los próximos cuatro años.

Otras acciones concretas animan la ciudadanía guatemalteca a todos los niveles. Son cada vez más frecuentes los vecinos que deciden borrar (o pintar, mejor dicho) la propaganda electoral que se encuentran en los postes de la vía pública, de las rocas colindando las carreteras y las paredes de algunas casas. Pese a que sean pocos los guatemaltecos que tienen acceso a Internet, y a las redes sociales por ende, los hashtags #NoTeToca, la sátira política y los ciberataques contra los sitios gubernamentales no han parado de multiplicarse. Nuevas expresiones artísticas han surgido al mismo tiempo, o viejas han resurgido en el panorama nacional (pienso a los punks para tomar un ejemplo), adaptándose al unísono del movimiento de las masas. Las marchas han marcado también cada fin de semana del mes de mayo.

Tirado del Facebook de Anonymous Guatemala

Tirado del Facebook de Anonymous Guatemala

¿Nuevos laberintos por descifrar?

El debate público, que desde el juicio por genocidio de Efraín Ríos Montt había tímidamente marcado las conversaciones cotidianas, hubiera seguido en el eterno juego de polarización y dicotomía de las opiniones (lo que podríamos llamar el síndrome del “¿está fisiquín o no está fisiquín?”, es decir, la falta de debates que van más allá de un sí o no como respuesta, todo con débil argumentación), está cambiando. Más allá de decir que la corrupción en el país ha alcanzado niveles intolerables, se empiezan a pensar en nuevas soluciones desde el Estado de Derecho, desde la manifestación pacífica en las plazas públicas. Lo bueno es que, por el momento, nadie ha encarnado este movimiento, nadie se ha aprovechado del descontento popular para sobresalir en la escena política. Así es como tiene que ser la democracia: un régimen político de “lugar vacío” (Claude Lefort), donde nadie lo encarna.

Este evento podría llevar, y sería lo más conveniente para la situación del país, a debatir sobre otros problemas que sobrepasan la acción política: el lugar del Estado en lo social y las esferas de la vida social.  Ya lo vemos con el escándalo del fraude en el seno del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social (IGSS) que ocasionó la muerte de 17 personas por peritonitis. No solamente se pone en cuestión la corrupción sino la calidad de los servicios públicos en el país, que viven una situación deplorable. Otro laberinto por descifrar sería los temas tabú y estigmatizadores de la pobreza y las desigualdades sociales. Esto conllevaría a preguntarnos sobre modelos de desarrollo que se adapten al país y en un nuevo modelo tributario, que nos sigue mostrando la postal exótica de “paraíso fiscal”. Quizás esto sea central para empezar a pensar en políticas que incidan en la baja de la criminalización en el país, en lugar de seguir centrando energías en la represión y segregación de grandes jirones de la sociedad guatemalteca. Este primer golpe a la impunidad puede presentar el inicio de un nuevo ciclo de respeto del Estado de Derecho en el país. Estos debates, mientras sigan callados y guardados, seguirán alimentando los laberintos de pesadillas que sumergen al país en la situación en la cual se encuentra.

Tal parece que la temporalidad de los discursos cedió ante los ciclos políticos. La democracia, en un contexto de “neoliberalismo” (en un país que nunca fue liberal) o de globalización, llámenlo como mejor lo quieran llamar, es un complicado camino que poco a poco se va volviendo realidad. Los anhelos se convierten en esos resplandores tímidos que se encuentran al final de este túnel onírico, atravesado por pesadillas cotidianas y miserias silenciosas. Esperemos que todo este movimiento no se vuelva letra muerta. Y no señora Álvarez, el empoderamiento no vino de usted, no es una mesías que a través del uso de Internet iluminó al país. Este movimiento vino de la democratización de la sociedad, lenta pero cuyos efectos van surgiendo.

[1] Para más información: http://www.centralamericadata.com/es/article/home/Guatemala_Crecimiento_del_acceso_a_Internet

[2] LEVENSON Deborah, Adiós Niño: the gangs of Guatemala City and the politics of death, Duke University Press, 2013.

[3] LÓPEZ Julie, “Un guatemalteco fue clave para el Chapo”, Plaza Pública, 24/02/2014. URL: http://www.plazapublica.com.gt/content/un-guatemalteco-fue-clave-para-el-chapo